Jorge González es uno de los hombres más altos del mundo. Tiene gigantodromegalia, una enfermedad crónica que no le permite parar de crecer.
A los 6 años Jorge tenía el tamaño de un chico de 16.
A los 9 ya estaba en condiciones de ingresar en cualquier equipo de básquet.
A los 14 medía 1,88 metros y pesaba alrededor de 90 kilos.
Al año siguiente ya había alcanzado los 2 metros de altura.
Los 16 años lo sorprendieron con sus 2.15 metros y 170 kilos
A los 17 años seguía creciendo sin parar, llegó a medir 2, 172 metros según la medición del equipo de básquet que integraba en ese momento.
Con 22 años cumplidos, medía 2.29. Al poco tiempo alcanzó los 2.30.
Hoy está a punto de superarse de nuevo: casi mide 2 metros con 32 centímetros.
Su carrera como basquetbolista profesional:
Comenzó a jugar casi por casualidad. En menos de 3 años pasó a formar parte del equipo de la Selección Nacional y de allí, a la NBA.
Jorge se levantó como siempre y a pesar de las advertencias de su madre, se fue a jugar billar al bar "El Tufo" de El Colorado. Allí, le pidieron que fuera al almacén de enfrente a comprar cerveza. Por casualidad se cruzó con Oscar Rozanovich, un viajante allegado al Hindú Club que al verlo no dudó en conectarlo con la institución.
El club chaqueño no dudó en contratarlo al conocer su altura. con 16 años medía 2.17 metros. El 24 de septiembre de 1982 llegó a Resistencia y empezó a jugar.
Al año siguiente hizo su debut oficial al participar del Vigésimo Campeonato Argentino Juvenil que se desarrolló en Catamarca. Pero su equipo sólo obtuvo el puesto 11 y descendió. En aquella época su técnica no era refinada, y su juego lento lo hacían parecer poco apropiado para este deporte. Sin embargo, el club Gimnasia y Esgrima de La Plata lo incluyó en sus filas en una operación relámpago. Allí permaneció hasta 1985 cuando fue convocado por el entrenador León Najnudel para incorporarse a la Selección Nacional. Se presentó en sociedad el 6 de julio de ese año, en Guantánamo, Cuba, en un enfrentamiento con un combinado local donde Argentina ganó 82 a 74. También participó del 31° Campeonato Sudamericano de Básquet que se realizó en Medellín.
Durante su estadía en el equipo platense, Najnudel lo cuidaba como si fuera su propio hijo, aunque tenían muchas discusiones porque a Jorge le gustaba demasiado la buena vida y no estaba muy dispuesto a cuidarse en las comidas y a evitar el cigarrillo.
En 1986 intervino en el 10° Campeonato Mundial de España y asciende con Gimnasia y Esgrima a la máxima categoría de la Liga Nacional.
El arduo entrenamiento al que fue sometido logró que Jorge evolucionara notablemente, agregando velocidad a sus movimientos. En 1987 pasó a Sport Club de Cañada de Gómez. En marzo de ese año, Flor Meléndez lo convocó nuevamente a la Selección Nacional, pero su buena racha se cortó en abril cuando se rompió una rodilla, lo que lo obligó a retirarse durante 9 meses. Sólo pudo jugar cuatro partidos ese año.
1988 fue el año de consagración para Jorge, pero no todo fue color de rosas. Su deseo por ser una estrella y el esfuerzo por mantenerse en peso se debatían agotadoramente. En mayo participó del Preolímico de Montevideo. Allí lo descubrieron los norteamericanos y el 28 de julio se convirtió en el primer argentino seleccionado para el draft (reclutamiento) de la NBA. Fue aceptado por el Atlanta Hawks.
Un agente del Atlanta había visto a Jorge y llamó a Ted Turner, dueño del equipo y le dijo que había un joven que medía 2.29 metros y que se movía a toda velocidad de un aro hacia otro. Turner no lo dudó, y envió a la Argentina a otro agente, Brennand Schur, quien estuvo en el país sólo 30 horas y se llevó de recuerdo una de sus zapatillas número 56. En seguida arreglaron con los dirigentes del equipo y pagaron 30.000 australes por el pase.
El día que debía viajar a Estados Unidos, Jorge llegó a Buenos Aires y fue hasta la Embajada Americana a solicitar la visa. Allí, se encontró con una sorpresa: en todo el mundo las embajadas y consulados norteamericanos estaban cerrados en conmemoración del aniversario de la muerte de Martin Luther King. Enterado del inconveniente, Richard Kaner, agente de Atlanta movió todas sus influencias para conseguir que la Embajada abriera sus puertas y le otorgara la visa a las 18.30, para poder embarcar el vuelo a las 23.45.
Al llegar se sorprendió. Ya no era un fenómeno, estaba rodeado de hombres como él. Jorge se convirtió en el segundo jugador más alto de la NBA, apenas superado por un centímetro por el africano Manute Bol, quien jugaba para el Washington Bullets.Pero para poder jugar tuvo que bajar más de 20 kilos.
El cuerpo de Jorge no logró adaptarse a las más altas exigencias de la liga norteamericana mientras que el técnico del Atlanta, Mike Fratello ya pensaba en reemplazarlo. Cazzie Russel, ex estrella de los Knicks le dijo que " ser alto no es suficiente" y que debía aprender a correr y a moverse si quería quedarse en la NBA.
El básquet argentino no lo había preparado para el nivel norteamericano donde el juego es rápido e intenso. El tamaño de Jorge, volvió a jugarle en contra.
Estos son datos de su carrera como luchador:
Su gran altura, llevó a Jorge González a la NBA, pero su tamaño y lentitud no le permitieron quedarse. En Estados Unidos se dedicó a la lucha profesional. Sin embargo, luego de varias temporadas de éxito, una lesión en la espalda lo dejó sin trabajo.
Jorge González era jugador de básquet antes de entrar en la Federación Mundial de Lucha. Sus 2.31 metros de altura lo hacían ideal para jugar en la NBA pero su gran peso y tamaño lo hacían demasiado lento en los partidos. En seguida su sueño como basquetbolista se esfumó. En 1989, tras el trago amargo de la NBA, la cadena televisiva TNT de Ted turner, el mismo dueño de los Atlanta Hawks, donde Jorge jugaba, le ofreció incorporarse al negocio de la lucha libre. Jorge no lo dudó y entró en el Campeonato Mundial de Lucha o World Championship Wrestling (WCW) y comenzó a pelear. Así, la competencia mundial tenía al hombre más grande que podía encontrar. Hiro Matsuda, un ex luchador muy prestigioso, fue su entrenador. Al verlo por primera vez le examinó el cuerpo y lo encontró chico de caja, pero en seguida se dio cuenta del diamante que tenía entre manos. Rápidamente comenzaron un duro plan de entrenamiento. Tres veces por semana de levantamiento de pesas durante dos horas y media, más un alimentación especial lograron que alcanzara los 200 kilos necesarios para subir al ring como "el atleta más alto y más grande del mundo". Mientras que cada tarde, Jorge se dedicaba al aprendizaje de técnicas de lucha: palancas, saltos, llaves y tomas.
Así, "Giant González", nombre por el que fue conocido como luchador, comenzó a realizar giras por el interior de Estados Unidos y por el mundo. Nueva York, Dallas, Chicago, Kansas, Sacramento y Las Vegas lo vieron subir y bajar del ring con los brazos en alto: de 1400 peleas sólo perdió 3. Jorge recorrió más de 600 ciudades de todo el mundo en menos de dos años, luchando 24 días al mes.
En poco tiempo se convirtió en una verdadera estrella. Pero en 1993 fue despedido del WCW y contratado por Vince McMahon, el reconocido dueño de la compañía WWF (World Wrestling Federation).
Giant González tuvo su momento de gloria al enfrentarse con Sid Vicious, un gran luchador del momento. Además, tuvo una gran pelea en la WWF con The Undertaker, un luchador cuyo nombre significa algo así como "el funebrero". En 1993, The Undertaker, venció a Kamala The Ugandan, un luchador representado por Harvey Wickelmen. El manager logró vengarse ese mismo año en el campeonato de Royal Rumble. Después de que The Undertaker lanzara a todos sus contricantes fuera del ring, Wickelmen asombró al público al poner sobre el ring a Giant González que, sólo necesitó un par de zancadas y golpes para eliminar de la competencia a The Undertaker.
Así, se convirtieron en verdaderos rivales. The Undertaker tuvo una nueva oportunidad para luchar contra Giant González en Wrestlemania IX. En la pelea, a Giant González le colocaron un trapo con cloroformo en la cara. González se enfureció y estranguló a su contrincante, que tuvo que ser sacado del ring. Lucharon otra vez, al año siguiente en el Summerslam donde González perdió por conteo. En ese momento, la WWF despidió a Giant González de su plantel y en septiembre de ese año, el argentino se había quedado sin trabajo.
Jorge volvió a la lucha en una gira por Japón. En 1994, él volvió al ring en la New Japan Pro Wrestling, y como "Giant" otra vez, se enfrentó con hasta 4 opositores a los que derrotaba en peleas "ficticias". Fue nota de tapa del prestigioso semanario japonés Weekly Fight. Pero su regreso duró poco. Entonces, fue despedido de nuevo. Ninguno de sus contrincantes logró sacarlo del ring. Finalmente dejó de pelear tras sufrir varias lesiones en la columna y en las rodillas. A pesar de tener el nervio ciático lastimado, supo hacerse su lugar tres puestos debajo de Hulk Hogan, uno de los luchadores más prestigiosos de Estados Unidos, un rubio de bigotes suculentos.
Giant González dejó la lucha para siempre en 1995. Con su fama a cuestas, filmó algunas participaciones en la serie estadounidense Baywatch. Además, intervino en cuatro películas, una de ellas del mismo Hulk Hogan. Luego, volvió a su país, a Formosa donde ya no pelea, ni es reconocido.
Y estos son datos de como esta hoy el Gigante:
En una casa adaptada para sus 2.31 metros de altura, Jorge González vive rodeado de recuerdos, de épocas pasadas y un futuro idealista.
La vida de Jorge González bien podría sacarse de una novela. Nació y vive en El colorado, un pueblo de Formosa que está en una zona agrícola en el departamento de Pirané, sobre el río Bermejo a 150 kilómetros de la capital provincial, y que tiene unos 9.000 habitantes. Un pueblo raso donde la selva y el desierto parecen fenómenos tan propios y, a la misma vez, ajenos al lugar.
La suerte, el destino o como quiera que se llame, lo llevaron por el mundo de viaje, de la mano de sus 2.31 metros de altura.
Conoció la fama, el éxito y la buena vida mientras jugó al básquet en la NBA y se paseó por los rings de lucha libre barriendo con cuanto individuo se le pusiera enfrente. Pero esos tiempos se acabaron, los problemas de salud que padece lo dejaron en cama y apenas se levanta cada día para caminar unos cuantos pasos apoyado en su bastón.
Al costado del camino de tierra, la casa de tres ambientes le da abrigo a Jorge y a su tamaño. En el living, un televisor domina casi todo el paisaje acompañado por unos cuantos libros de autoayuda que Jorge lee en inglés. En el terreno del fondo un viejo aro de básquet le recuerda sus lejanas épocas de gloria.
Hoy tiene 34 años y en su mundo convive con zapatillas tamaño 56 y con ropa que nunca puede comprar y que debe mandarse a hacer de medida. Lo único que consigue en cualquier negocio es su ropa interior.
Necesita 2000 calorías por comida y es capaz de comerse seis milanesas de pollo con un kilo de tomates en un almuerzo familiar. Además toma 18 litros de agua por día.
Jorge dice que se dio cuenta de que el mundo no estaba hecho para él cuando tomó un colectivo en Buenos Aires que lo llevaba desde el CENARD hasta la calle Patricios. En el ómnibus no podía acomodarse y nadie le daba el asiento, tuvo que instalarse en el escalón más bajo de la puerta de salida durante los 40 minutos de viaje.
Sin embargo, su casa está adaptada hace mucho tiempo. La cama, la mesa, las sillas, los marcos de las puertas, todo está preparado para su tamaño.
Increíblemente, Jorge se identifica con el Chapulín Colorado y fantasea con conseguir las pastillas de "chiquitolina" que le permitían al personaje televisivo reducir su tamaño. Así podría ser uno más.
Hoy al básquet sólo lo mira por televisión. Su cuerpo sufre, no puede moverse con facilidad, le siguen creciendo los pómulos y los nudillos y sólo una inyección mensual de una droga que le cuesta 3000 pesos puede frenar su problema. Tiene mala circulación, presión alta y colesterol, no siente las piernas, una torsión en la rodilla y más de 25 puntos en ella, tras una vieja operación, casi no le permiten salir de su casa.
Hoy pasa sus días leyendo libros de autoayuda, costumbre, casi vicio, que adquirió en Estados Unidos y que mantiene con dedicación.
Su mayor miedo es quedarse ciego. Dice que si se le apagan las luces será tiempo de irse. Es que la diabetes que padece le provocó una rinopatía que no le deja ver bien " es como un limpia parabrisas atascado en el ojo derecho". Además es insulinodependiente, si no se aplica insulina diariamente puede entrar en coma y morir.
Cuando se le pregunta si ganó dinero en su carrera dice que no, pero que no puede quejarse. Basta con mirar sus casa al costado del camino de tierra para darse cuenta de que es así. Sin embargo, con sus ahorros mantiene a toda su familia. No trabaja desde 1995.
A Jorge el gustaría ser periodista o fotógrafo y si es posible le encantaría escribir una autobigrafía. Su ídolo es Arnold Schwarzenegger.
Jorge usa un anillo de 40 gramos de oro que compró en uno de sus viajes por el mundo y que en la mano de cualquier mortal serviría, por lo menos, de pulsera.
En su mundo de anécdotas y recuerdos existe un muñeco tipo Barbie que representa la figura del Giant González que fuera alguna vez y que salió a la venta en Estados Unidos en su época de luchador de la WCW, pero del que él asegura nunca ganó un dólar.
Para el final una nota que le hizo telenoche donde habla de su pasado y presente:
Un olvido gigante:
Se llama Jorge González, pero también le dicen "El Gigante". Con sus 2,30 metros, llegó a ser famoso en el mundo del básquet, del ring y hasta en el cine. Pero su historia cambió. Está enfermo y ya nadie lo aplaude, aunque sigue peleando, esta vez contra el destino.
En El Colorado, el pueblo que lo vio nacer, Jorge "El Gigante" González recuerda su pasado de gloria. En aquellos tiempos, cuenta, fue feliz. Pero hoy no encuentra su lugar.
A 1.200 kilómetros de Buenos Aires, en el pueblo misionero de El Colorado, nació en 1966 Jorge "el gigante" González. Sus 2,30 metros lo hicieron famoso en el básquet nacional y hasta llegó a probar suerte en la NBA, la liga profesional de Estados Unidos. Más tarde, Hollywood lo coronó en la competencia de lucha libre y hasta pasó por el cine. Pero el gran sueño se terminó. Hoy, a los 34 años, otra vez en su tierra, se recupera de una parálisis que casi lo deja postrado. Y sumergido en el olvido, vive una vida muy diferente a la que alguna vez conoció.
"Estoy pasando por una etapa muy difícil. De a ratos soy muy feliz y de a ratos estoy muy triste. Es lo peor que me puede pasar porque, por mucho tiempo, fui muy feliz, aunque sea superficialmente o artificialmente, pero fui feliz. Ahora no sé dónde rumbear, para dónde ir", cuenta dejando entrever su tristeza.
Vive sólo con su hermano en una casa en Formosa que debió ser especialmente adaptada para su tamaño descomunal. Todo absolutamente debió ser modificado para él: puertas, mesa, alacenas. Allí pasa sus días atrapado en su humor cambiante y es víctima de un pesimismo al que se empeña en llamar "realismo".
T.I.: ¿Cómo se ve la vida desde los 2,30 metros? González: Es difícil porque este mundo no está hecho para un hombre de 2 metros casi 32 (centímetros). Yo tengo que armar mi propio mundo, mi propia cama, mi inodoro; todo el techo tiene que ser alto. Yo tengo que armar mi mundo.
En la soledad de su refugio, a González lo invaden los recuerdos. Es que tuvo una historia gloriosa. Ya a los 16 años, su tamaño le permitió empezar a jugar al básquet y, más tarde, alcanzó su consagración de la mano de la Selección Nacional. Era feliz, pero pobre.
G: En ese tiempo yo fui tonto porque no me daba cuenta de la importancia que yo tenía para el mundo basquetbolista y no en la Argentina. Yo era feliz jugando al básquet. Era famoso, salía en todas las revistas, pero no tenía un mango. Tenía que buscar una salida económica.
En 1989 viajó a los Estados Unidos, pero poco duró la ilusión en la NBA. Era demasiado lento para la alta competencia. De todas formas, una propuesta de la cadena de televisión TNT lo retuvo en ese país. Así se incorporó a la liga de lucha libre y abandonó definitivamente el deporte que le había regalado la popularidad.
Subido al ring, tenía a su alrededor más flashes y cámaras que nunca. Llegó al cine, y hasta actuó en Baywatch, la serie protagonizada por David Hasselhoff. Y pese a que dice haber representado siempre a personajes malos y feos, tuvo sus recompensas.
G: He estado con mujeres hermosas. Todo por ser grande. En Estados Unidos hay mujeres a las que les gustan los hombres grandes.
Aún añora a su única novia, una rubia norteamericana a la que buscaría en cualquier parte si supiera cómo. Pese a que el romance acabó en poco más de un año, sigue enamorado. Hoy, en El Colorado, su éxito con las mujeres poco tiene que ver con aquellos años de gloria. "Pasa todo por una timidez extraordinaria que tengo, que no puedo superar. Soy muy tímido…", confiesa con cierto dejo de resignación. Hollywood también se terminó. Y "el gigante" siguió con las luchas y su gira por el mundo. Incluso estuvo en Japón. Pero durante una de las peleas, un golpe en la espalda estuvo a punto de dejarlo paralítico y el show se esfumó. En 1998, debió regresar a El Colorado.
G: Hasta el año pasado, yo me creía muerto. Era tal el estado de abandono, que yo me sumergía 20 horas por día. Sólo salía 4 horas para hacer mi higiene personal y dar una vuelta. Hasta que tomé la decisión de ir al Hospital Italiano y consultar a los mejores especialistas.
Calza 56. Y salvo calzoncillos, todo lo debe comprar en talle especial. Tiene gigantodromegalia: su cuerpo sigue creciendo. Como si fuera poco, también le diagnosticaron diabetes. Es que, por muchos años, en medio de su ritmo vertiginoso, evitó los tratamientos médicos y perdió tiempo. Ahora debe viajar a Buenos Aires cada 7 meses y, además del tratamiento, debe inyectarse una droga que le cuesta 3 mil pesos.
T.I.: ¿Es como si estuvieras buscando tu lugar?
G: Y no lo voy a encontrar jamás. No en la sociedad en la que vivimos.
Todos lo han olvidado. Se olvidaron del "gigante". Jorge González, el hombre de los 2,30 metros; descomunal, pero indefenso. Sólo un hombre que lucha contra la enfermedad. Y contra la soledad que lo tiene postrado y triste.