jueves

Historia de un libro....



Hace yà unos cuantos años me ofrecieron hacer el inventario de un campo que se estaba por vender. Es decir, anotar cada cosa que habìa en el lugar: desde un escritorio, hasta las heladeras del casco principal sin dejar de lado todas y cada una de las vaquitas que pastaban y me miraban como anotaba. De eso meses recuerdo estar solo en una casa gigante, de tener gente a disposciòn mìa como si fuera un patròn a los que por supuesto les pedìa por favor que me dejen comer con ellos, por que odiaba estar sentado solo en una mesa larga esperando que me traigan la comida. Recuerdo haberme llevado un amplificador y una guitarra y unos casettes para grabar, tambièn las tormentas, el canto de los pajaros por la mañana y una chica a la que iva a buscar al pueblo màs cercano en un Renaul 12 que era una maquina. Si, tambièn tenìa un auto a disposición mìa. Los fines de semana nos quedabamos allì los dos, prendiamos la estufa, nos reiamos un montòn y cojiamos por todos los lugares de la casa, in cluyendo el auto, el tambo y la sala de maquinas.
Este tipo que me habìa dado el laburo no apareciò hasta el final del inventario. Vino con los dos compradores y chequeamos entre los cuatro lo que habìa pasado en limpio. Después me preguntò cuanto creìa yo que èl deberìa pagarme, obviamente que le tirè un numero alto a ver que decìa. En el cheque anotò el doble de la cifra que yo le habìa dado y aparte me dijo que me quedara con los dos caballos y la biblioteca entera. Casi me desmayo. Yo no habìa observado minuciosamente los titulos de los libros pero que habìa muchos habìa, era toda una pared gigante con el mueble amurado y repleto de libros en estantes a los que yo no llegaba y eso que no soy petiso.
Pasado un tiempo de revolver las bolsas en las que me habìa llevado los libros me dì cuenta que habìa mucha basura, muchos libros en ingles y frances, muchos manuales de maquinas sembradoras y grupos elctrogenos pero tambièn mucho Borges, libros de series de aventuras, casi todo Jack London, casi todo Stephen King y un libro que guardè durante mucho tiempo por que me gustaba la tapa.



Un dìa, hojeando la revista La Mano, alguien comentaba sobre un escritor tucumano y allì estaba la tapa de “Preso Comùn” de Raul Perrone en la ediciòn de Editorial De la Flor. La historia que cuenta el libro es la historia de sus años en la carcel luego de ser acusado por dos prostitutas de haberlas violado hasta que una confiesa tres años después que era todo una mentira. Lo que màs me gusta de ese libro, es lo mismo que me gusta de Bucowski, o Raymond Carver o algunas cosas de Enrique Medina. Ellos te describen y te llevan al lugar, hasta podès olfatear el encierro de un calabozo, escriben como hablan, no hay adornos, no hay vueltas, lo que cuentan està pasando ahì. Y en las palabras hay una musica aspera, algo que raspa, algo que tiembla y està muy cerca de lo que cuenta.


La historia de Raul Perrone es muy trizte y no sabrìa precisar si el chabòn muriò. Un dìa pasaron en Cronica TV un reportaje desde el vagòn de ferrocarril donde vivìa , en la màs absoluta miseria, muy flaco y con pocas ganas seguir en este mundo.

Es como si el libro hubiera tenido ganas de quedarse conmigo y asì fuè.

Aca les dejo un pedazo del libro

RAUL PERONE-“PRESO COMÙN”

“A la tarde trajeron a otro loco agresivo. El viejo Gonzales, que no era viejo en el sentido exacto de la palabra ya que su estado fisico era envidiable: el mote le venìa por su pelo blanco. Las ùnicas prendas que traìa eran un calzoncillo y un saco. Desde que pisò el umbral puteò a los gritos. Cuando lo entraron al arresto, el Loco Reyna, que habìa elegido el segundo calabozo como domicilio y que casi todo el dìa permanecìa parado junto a la reja de la puerta, mirò al Viejo Gonzales y le dijo:
-Mirà viejo, este gallinero ya tiene su gallo, asì que no gritès –y el viejo empezò a insultarlo a èl. Reyna le pegò una trompada en la cara que casi lo desnuca.
El viejo siguió con los insultos y se desquitaba pateando los tarros que usaban los locos para comer, y estuvo varias horas entregado a esta tarea. Lo habìan traido por estar bañandose desnudo en la fuente de la plaza Independencia, frente a la ilglesia Catedral y la Casa de Gobierno. Era mendigo profesional. Para pedir algo ponìa una cara que daba lastima y si se lo negaban sacaba a relucir su verdadera personalidad, arrojando lo que encontraba a mano entre insultos. Era el enano Barrabàs personificado, preso que estaba durmiendo o descansando (exepto Reyna que era loco pero no tonto) era victima de sus agrsiones. Sufrìa cuando veìa tranuilo a alguien. Durante el tiempo que estuvo nos alterò los nervios de tal forma que le tomamos odio en vez de sentir compasión y gozabamos cuando algún preso, producto de sus atrocidades, le daba su merecido”.

“A los pocos dìas estaba instalada en la comisarìa la sucursal del hospicio. Trajeron dos locos y un minorado màs. Uno de los primero, Carballo, hombre pacifico, era conocido por escribir poemas con carbòn en la paredes. Un dìa Carballo se desnudò tambièn en la plaza Independencia y echò a andar hacia la casa de gobierno. Algunos comedidos lo llevaron en un taxi y los llevaron a la Comisarìa Primera, en donde al principio no quisieron recibirlo. Cuando un periodista le preguntò por que se habìa desnudado, Carballo le contestò que tenìa calor. Daba la sensación de que los locos querìan enterar al gobernador de algun problema social del que este no se daba cueanta y por eso de desvestìan frente a la Casa de gobierno.
El segundo loco, Garcìa, desvariaba un poco pero era el màs normal. Se podìa conversar con èl hasta que los cables pelados le entraban en cortocircuito. Todo el dìa silvaba o cantaba, era muy respetuoso, servicial y de corazòn noble. Lo que recibìa de su casa era compartido con sus compañeros de infortunio, de su yerba hacìa el mate para el resto y de un montòn de monedas que guardaba en una media compraba el pan para repartirlo. Eso llamaba la tenciòn por lo raro en gente asì, que en lo que antañe a comida son sumamente egoístas.
El tercer minorado figuraba como NN. No pesarìa cuartean kilos, tal era su estado de desnutrición. Tenìa puestos unos pantalones rosa y se los sostenìa con la mano ya que le quedaban muy grandes".

No hay comentarios: